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De Santa Fe al mundo: crece la exportación de dulce de leche y queso azul

La compañía láctea santafecina San Ignacio se muestra como una de la pymes con mayor proyección para exportar; el premio ICBC Comercio Exterior y el consecuente viaje a China ampliaron su abanico de opciones.

La localidad de Sauce Viejo en la provincia de Santa Fe es sede de una de las plantas del mayor exportador de dulce de leche, y del segundo de queso azul de Argentina. Allí está radicado Establecimientos San Ignacio SA (San Ignacio), una empresa enfocada en productos lácteos, que nació en 1939 en la ciudad de Rosario, y que asumió el compromiso del comercio exterior como forma de desarrollo. Cada año procesa 40 millones de litros de leche para producir más de 12.800 toneladas de productos, que se comercializan tanto en el mercado masivo como en el industrial. La primera exportación de dulce de leche fue hace casi cuarenta años.

Meses atrás, San Ignacio ganó la categoría Empresas Medianas del Premio ICBC Comercio Exterior, que entregó el Banco junto a su Fundación, hecho que le permitió redimensionar su política de exportación. A partir de este reconocimiento realizó un viaje a China para proyectar nuevos negocios, al tiempo que logró financiación para sus exportaciones al convertirse en cliente activo de ICBC. Alejandro Reca, director de San Ignacio, se define como un «enamorado de la exportación» y ofreció detalles de las nuevas oportunidades que se les abrieron.

-¿Cómo se definió la política de comercio exterior de la empresa?

-La actual conducción de la compañía definió hace unos años que la exportación sería uno de los pilares de nuestro negocio. En ese contexto sabíamos que no nos íbamos a conformar con un mercado de 43 millones como el de Argentina y que teníamos que salir al mundo porque la nuestra es una apuesta a la exportación. El primer paso que dimos fue contratar un gerente de exportación y transformarnos en una de las únicas empresas lácteas del país en obtener la certificación internacional BRC (British Retail Consortium) para la elaboración de nuestro producto estrella, el dulce de leche, lo que nos permitió ingresar a muchos mercados. Hoy exportamos en forma directa a casi veinte países.

-¿Qué cambios hacia adentro y fuera de la compañía se expresaron a partir de esa definición?

-En San Ignacio la exportación de nuestros productos representa el 15% de la facturación pero aspiramos a duplicarla o incluso triplicarla en los próximos tres años. Es un proceso ambicioso pero que estamos seguros de poder cumplir. Nuestros principales mercados hoy son Brasil, Chile, Canadá y los Estados Unidos, pero luego del viaje a China que hicimos por haber ganado el premio, entendimos el camino que está tomando Asia en cuanto a importaciones de alimentos. China, particularmente, está rompiendo un montón de paradigmas: desde qué se consume, hasta cuándo y cómo se consume. Y sabemos que allí tenemos una oportunidad única porque como exportadores ya estamos preparados. Hacia adentro, toda nuestra organización sabe que la exportación es uno de nuestros pilares y desde allí construimos nuestra identidad.

El ejecutivo de San Ignacio explica que el premio, además de ser una «caricia al corazón», les permitió obtener una mayor exposición, tanto local como a nivel mundial. «Nosotros no éramos clientes del banco y al poco tiempo nos vimos con la oportunidad de obtener un leasing para el acceso de nueva maquinaria, obtuvimos financiación para nuestras exportaciones y actualmente analizamos otras opciones que ofrece el banco para mejorar nuestra estructura industrial y posición de nuestros productos.

-¿Considera usted que es un buen momento para endeudarse?

-En nuestro caso sí lo es. Tenemos proyectos de inversión cuyas tasas de rentabilidad son mayores al interés de los préstamos que nos ofrecen. Pero los desafíos que tenemos por delante no son sólo los de conseguir más y mejores tasas de financiación: tenemos que poner foco en la gestión de los recursos humanos y en la diversificación de nuestra producción porque una de los mayores aprendizajes que tuvimos fue que para exportar hay que ir a golpear puertas, hay que salir al mundo a buscar mercados. Nadie va a venir a preguntar qué productos tenés para vender. Y en nuestro caso, con el dulce leche aún estamos en una etapa de evangelización, de dar a conocer el producto y las infinitas opciones de consumo que tiene, sobre todo para un mercado como China, que tienen casi 1500 millones de habitantes.

FUENTE: La Nación