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El Gobierno desafía pronósticos privados y sostiene que crecimiento industrial es sólido

El oficialismo asegura que el sector fabril caminará por una macroeconomía ordenada, la recuperación de Brasil y el consumo interno y diez medidas oficiales.

 En plena euforia por el rebote de la industria de mayo y junio –que el año pasado destruyó 50.000 empleos–, el Gobierno asegura que el sector fabril ya tiene bases sólidas para un crecimiento sostenido en el tiempo, afirmado en la aceleración de la inversión. Sin embargo, el buen humor oficial choca con las dudas de los empresarios, que todavía necesitan más pruebas de que el país va por buen camino.
Un paper del Ministerio de Producción al que accedió El Cronista destaca tres factores que, a juicio de las autoridades, mantendrán “motorizado” el repunte industrial. La primera, una macroeconomía “ordenada y previsible, con reglas de juego claras”. En segundo lugar, el “impacto positivo” de medidas que mejoraron la competitividad, como la “Ley Pyme”, la eliminación de los derechos de exportación y el aumento de los reintegros a las exportaciones. Finalmente, el Gobierno cree en la recuperación de Brasil y del consumo interno.

A pesar a que la industria creció 6,6% interanual en junio (fue el segundo mes consecutivo en alza, a partir de una baja base de comparación), los empresarios aún se mantienen cautos y están lejos de afirmar que su actividad aumentará el año que viene y los siguientes, a pesar de que nadie pronostica estancamiento o recesión económica en 2018 –y que sería la primera vez desde 2011 en que haya dos años seguidos de crecimiento–. Al menos, la primera plana de la Unión Industrial

Argentina no se atrevió la semana pasada a predecir mejoras significativas, sino más bien a reclamar de urgencia una reforma tributaria y reducción de tasas de interés, al tiempo que elevó un sutil pedido al Gobierno de no cometer errores antes de las elecciones, en especial por el manejo de la estabilidad cambiaria.

Según el análisis de la cartera que conduce Francisco Cabrera, hubo diez medidas principales que configuraron el nuevo cuadro de situación. Algunas de ellas fueron:

–La reducción de impuestos para los sectores exportadores. Producción informó que entre mayo y junio devolvió $ 3000 millones a las empresas por la suba de los reintegros a las exportaciones industriales. El cambio a los reintegros redundó en $ 400 millones adicionales, “lo que mejora sensiblemente el potencial para integrarse a las cadenas de valor”.

–La “Ley Pyme”, por la que más de 61.000 empresas ahorraron unos $ 3500 millones en los últimos nueve meses, entre compensación del impuesto al cheque ($ 2600 millones) y descuentos del impuesto a las ganancias por inversiones ($ 900 millones). También difirieron el IVA a 90 días por más de $ 5100 millones y dejarán de pagar unos $ 1000 millones en un año por la eliminación de la Ganancia Mínima Presunta.

–La ley de autopartes, que significó que las inversiones para la radicación de nuevos modelos de vehículos en el país tengan un promedio de integración local de 40% (en otros sectores es del 25%).

–La estrategia “agresiva” para conseguir mayor financiamiento para las pymes; los acuerdos sectoriales productivos como el de Vaca Muerta, replicado en la industria automotriz, textil, calzado y motos; y el apoyo a unas 7000 firmas electrointensivas con tarifas diferenciales.
Producción también identificó algunas “señales” del renovado buen momento industrial, como que las exportaciones de manufacturas aumentaron en junio un 12% interanual, que la producción automotriz subió un 16% en ese mes y que los patentamientos de autos crecieron 23% el mes pasado y se ubicaron en el nivel más alto desde 2005 en autos livianos, utilitarios deportivos y camiones.

Como si por afinidad ideológica y pasado común los empresarios se sintieran obligados a pedirle más al Gobierno, el rumbo de la actividad, por ahora, no los conforma

FUENTE: Cronista